26/09/03
Temperatura en el Río de la Plata

Río de La Plata
Hay en el Río de la Plata una larga tradición oral, sustentada en muchos casos en documentación de época, que consta en archivos y ha sido en parte recogida por libros y articulos de prensa, que afirma la existencia, bajo sus aguas poco profundas y turbias, de numerosas embarcaciones hundidas en todos los tiempos, que se hallan en muy diversos estados de conservación, muchas de ellas con valioso cargamento.
El número de barcos hundidos se estima desde 1500, en unos 1.200, 300 de los cuales serían anteriores al 1800. Tan trágica cosecha le ganó al río los nombres de "el infierno de los navegantes" y de "inmenso cementerio naval".

Esto se explica por diversos factores geográficos e históricos. El Río de la Plata y sus afluentes forman uno de los tres grandes sistemas hidro-gráficos de la América del Sur, con una cuenca de tres millones de quilómetros cuadrados y una extensión de unos 280 quilómetros desde el extremo inferior del delta del Paraná, al oeste, hasta la linea que une los cabos de Santa María (Uruguay) y de San Antonio (Argentina), al Este, que marca su embocadura. Su lecho se halla cubierto por el limo aluvial arrastrado por los ríos de la cuenca, fenómeno que en los últimos 150 años ha hecho crecer el Delta del Paraná unos 9 quilometros hacia el Este.

La Plata ha sido un serio problema para los navegantes en relación a su extensión y poca profundidad, la turbiedad de sus aguas, la profusión de peligrosos bancos de arena y restingas de rocas, la inestabilidad y violencia de sus vientos y las rápidas variaciones de sus mareas. A ello se hunió en los primeros tiempos del periodo hispánico la la insuficiencia de los conocimientos que de él se tenían.

La ruta de navegación:

La ruta de navegación más accesible, corta y segura era la que corre próxima a la costa Urugaya y que conduce a Montevideo. Se la prefería sobre la que corre al Sur, por el centro del río, pues, a diferencia de la costa argentina, baja y barrosa, en la uruguaya las alturas de los cerros y montes, visibles 10 ó 12 leguas a la distancia, facilitan la recalada. Además, Montevideo, cuya bahía es de más fácil acceso y está dotado de un fondeadero más profundo y seguro que el de los demás puertos, constituye la llave de la cuenca del Plata, pese que para llegar a él, debe esquivarse los bancos Inglés, Arquimedes y Medusa. Desde su fundación (1724), la Corona española así lo consideró, valorando su significación estratégica.

Desde el hallazgo de grandes riquezas de metales y piedras preciosas en México, el Perú y Colombia, el comercio con España se verificó, a partir de 1526, desde los puertos caribeños que zarpaban dos veces al año y navegaban en conserva con Galeones de guerra, que las protegían contra los piratas que infestaban los mares. Este regimen dejaba al Río de la Plata al margen de las rutas comerciales y forzado, por ello, a abastecerse por la via del contrabando. Pero en 1740, cuando Montevideo no tenía aun 20 años de fundado y era solo un fuerte -el Real Presidio de San Felipe- y Buenos Aires una pequeña villa, el sistema de flotas y Galeones fue suprimido, a raíz de la destrucción de Portobelo por el Almirante Vernon en la gerra de 1739-48 con Inglaterra. Se autorizó, entonces una nueva ruta entre el Perú y España por el Cabo de Hornos, que hizo de ambas ciudades del Plata, y en especial de Montevideo, puertos de escala forzosa. En 1767 fue hecho terminal de la nueva linea de correos maritimos conocida como "Carrera de Buenos Ayres". En 1778, el rey Carlos III decretó el libre comercio entre América y España, habilitando para él varios puertos, entre los cuales Buenos Aires y Montevideo, cuyas aduanas se establecieron al año siguiente. Estas medidas, junto con el comercio de esclavos, autorizado por su puerto en 1791, y la libertad de comercio con las colonias extranjeras (1795) y los paises neutrales (1797), hicieron de Montevideo un activísimo puerto mercantil, en el que operaban numerosos barcos de los más diversos pabellones y desde el cual se despachaba para España, además de las cargas originarias del Norte del continente, que incluían oro, plata y piedras preciosas, productos rioplatenses, en especial cueros vacunos y de otros animales. Además desde Maldonado, la "Real Compañia Maritima" comenzó en 1790 a explotar la pesca, la caza de ballenas y la cura de cueros de lobos marinos y focas en todo el Atlántico Sur, llegando con sus barcos hasta las islas Shetland. Paralelamente Montevideo se transformó en importánte base de la Armada para el reconocimiento y defensa del Atlántico Sur, a fin de contener las ambiciones inglesas sobre las costas patagónicas y fueguinas y en especial sobre las Islas Malvinas, llave de la navegación entre los dos océanos. Ambos factores, el comercial y el estratégico, condujeron a la Corona en 1776 a fundar el Virreinato del Río de la Plata y el Apostadero Naval de Montevideo, con jurisdicción en todo el Atlántico Sur hasta los mares antárticos.

Todos estos procesos, más el intenso contrabando practicado en todos los tiempos, y sobre todo por los portugueses y los ingleses desde la Colonia del Sacramento; el reconocimiento de aguas y costas por naves de distintas potencias; las incursiones de piratas y corsarios y los combates contra los portugueses, ingleses y franceses y más tarde entre los bandos de la revolución de 1810 y de las gerras del siglo XIX, dieron lugar a numerosos naufragios, cuyos restos aún reposan en el lecho del que los indígenas dieron en llamar "Paraná guazú" o sea río grande como mar.

Prof. Oscar Abadie-Aicardi

Montevideo


 

 

 
 

¡Torrero, que voy perdido
y no hay luz en el faro!
Noroeste. Nada claro
Por el cielo. ¡Y te has dormido!
¡Que se ha dormido el torrero
y nadie en el astillero
velar su sueño ha querido!
¡Corre, ve, viento marero,
y dile a algún marinero
que el faro no está encendido!
Rafael Alberti

Buzo y explorador...

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